Opinión David Blanco l Minería de futuro: Innovar e investigar para transformar el país

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En un país como Chile, donde la minería es un pilar esencial de la economía, el rol de la innovación y la investigación aplicada adquiere una relevancia estratégica. Más allá de aumentar la productividad o mejorar la competitividad global, se trata de transformar los desafíos estructurales del sector en oportunidades concretas para mayor seguridad a trabajadores y trabajadoras, menor impacto ambiental y hacer los procesos más eficientes.

La investigación aplicada tiene la capacidad de convertir el conocimiento en soluciones reales. Un ejemplo es nuestro desarrollo de pernos split-set sensorizados, innovación que permite el monitoreo en tiempo real de la estabilidad de túneles mineros, reduciendo riesgos y mejorando significativamente las condiciones de trabajo. Este tipo de avances demuestran que innovar en minería también es innovar en las personas.

Hoy, el sector minero enfrenta una oportunidad histórica.Tecnologías como la digitalización, la inteligencia artificial, el monitoreo inteligente y la sensorización avanzada pueden ser desarrolladas localmente. Chile tiene el potencial de liderar estos cambios desde sus territorios, gracias al conocimiento generado en universidades públicas y su colaboración con el sector privado. Nuestra experiencia con el perno sensorizado es una prueba concreta de que es posible crear tecnología de frontera desde la región y con impacto global.

Sin embargo, para que la ciencia y la tecnología se conecten efectivamente con las necesidades de la industria minera, debemos superar importantes desafíos. Uno de ellos es acortar la distancia entre los tiempos de la academia y los de la operación minera. Para lograrlo, es clave una articulación efectiva entre universidades, empresas y Estado.

Se requiere también una mayor inversión, especialmente en las etapas tempranas de los desarrollos, cuando el riesgo es mayor; pero también cuando lo es el potencial transformador. Y, sobre todo, se necesita una cultura que valore el ensayo y error como parte intrínseca del proceso innovador.

Investigación como estrategia de desarrollo

En este proceso, las universidades regionales tienen un papel fundamental. Su presencia en los territorios mineros les permite comprender de manera más directa los desafíos sociales, geológicos y ambientales del entorno. Desde ahí, pueden formar capital humano con pertenencia local, impulsar soluciones con pertinencia territorial y promover una minería más sostenible e inclusiva, que genere valor tanto para la industria como para las comunidades.

Todo esto requiere, a su vez, de políticas públicas a la altura. Es necesario fortalecer los incentivos tributarios a la I+D, asegurar financiamiento específico para investigación aplicada en minería y promover la creación de centros tecnológicos público-privados que articulen los distintos actores del ecosistema. La investigación debe dejar de ser vista como un complemento, ocupando un lugar central en la estrategia de desarrollo del sector.

En ese sentido, la colaboración entre academia, industria y Estado no es opcional: es fundamental. Si uno de estos actores falta, el ciclo de innovación se rompe. En nuestro caso, la experiencia del perno sensorizado nació de una necesidad concreta de la industria, fue desarrollada en la universidad (UTEM) y requiere ahora validarse en condiciones reales. Es un ejemplo de cómo, trabajando juntos, podemos transformar los desafíos en avances tecnológicos con impacto.

Por eso, si queremos que la innovación sea parte estructural del futuro de la minería, debemos integrarla en la formación de las nuevas generaciones. No como una materia más, sino como una actitud. En nuestra universidad, estudiantes de distintas carreras participan activamente en proyectos reales, como el desarrollo del sistema sensorizado, aprendiendo que innovar es también colaborar, equivocarse, experimentar y, sobre todo, crear con propósito.

Chile tiene talentos, capacidades y oportunidades para liderar una minería de futuro. Se requiere creer e invertir en ello, trabajando juntos academia, industria y Estado para hacerlo realidad.

Por David Blanco, académico de la Facultad de Ciencias de la Construcción y Ordenamiento Territorial (FCCOT) de la Universidad Tecnológica Metropolitana (UTEM), donde además es Director de Desarrollo Académico.